MUSIKA

Una crónica sobre el Bilbao BBK Live 2023

todayjulio 15, 2023

Fondo
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Pudiera parecer que todos los veranos se repite la misma cantinela en los mismos festivales, pero el Bilbao BBK Live veía “salir el sol” el domingo con la ya clásica sesión de cierre a cargo de John Talabot y 120.000 personas a sus espaldas, un nuevo máximo histórico en una “decimoséptima edición con Kobetamendi más verde que nunca”.

Tras anunciarse durante la semana que el nuevo recinto festivalero de Madrid pasará a denominarse Iberdrola Music y será alimentado a base de energía solar, parece que la sostenibilidad ha llegado para quedarse como cabeza de cartel dentro del circuito de macrofestivales. “La energía de la música como motor de cambio”, proclama el gigante energético, mientras Last Tour se ve a sí mismo consolidándose como referente en el compromiso medioambiental y creando conciencia con el entorno en fusión con un evento situado desde sus inicios en el privilegiado paraje natural del monte Kobetas.

Es demasiado pronto para valorar si las medidas anunciadas (la reducción de altura e impacto visual de elementos estructurales o la iniciativa Kobetamendi Irteera, que propone una ruta para llegar a pie al recinto) darán sus frutos, pero la absoluta falta de luz a lo largo de todo el recorrido, o una política de vasos “retornables” que no permite que te sirvan si no es en un recipiente oficial de pago, no dejarán de ser vistas con afán recaudatorio mientras no exista una cultura de base como la que hace más de una década ha naturalizado salir con el edalontzi de casa en Aste Nagusia. Puede que los frontales acaben siendo el accesorio de moda en un futuro, recuerden dónde lo leyeron primero.

En cuanto a lo estrictamente musical, que para eso somos un medio especializado, puede que el cartel no estuviera plagado de nombres rimbombantes como otros festivales multitudinarios contra los que compiten anualmente, pero en el BBK Live al menos se siente el esfuerzo invertido (aunque haya que seguir invirtiendo en autobuses y en un diseño de baños primerizo que no ha funcionado como es debido) y, conscientes de que han llegado a su techo de crecimiento, han decidido hacer de la comodidad su caballo de batalla en (esperemos) años de sold-outs venideros. Tanto el Txiki como el Firestone estuvieron a reventar con Baiuca (el gallego pide a gritos mayores cotas), Cala Vento (pura energía concentrada), Bengo (posiblemente, la revelación del festival) o La Paloma (media asistencia del sábado tuvo que sortear nada más entrar el pogo que se organizó), y a pesar de que “florencers” y “alexturners” formaban largas colas a la entrada de sus respectivos días, retirar la enorme torre de luz y sonido de Nagusia ha contribuido efectivamente a que la gente se disperse más por las laderas, y en ningún momento hubo sensación de agobio o aglomeraciones aunque no pudieras ver por dónde caminabas con tanta oscuridad. Ambos artistas respondieron con creces a las expectativas, Florence + The Machine con un concierto de headliner de los que sientan cátedra (ella, imperial) y Arctic Monkeys con un show cuadrado al milímetro a la medida de Turner (aunque hubiera ganado de acelerar más allá de medios tiempos), mientras que Pavement certificaban en cierta manera el relevo generacional de una forma de entender el indie, siendo el cabeza de cartel menos concurrido que se ha visto nunca en las campas de Kobetas.

El jueves, además de la Diosa Florence, sobresalió el repaso que dieron tanto Fever Ray como Arca a los Chemical Brothers situados entre ambas, quienes se limitaron a darle al play y vivir de las rentas frente a las arriesgadas (y triunfales) actuaciones en femenino. La deriva hacia sonoridades más electrónicas que se intuía en la edición de 2022 se ha visto consolidada, y ya se alzan voces pidiendo una entrada aparte para las zonas Lasai y Basoa, con Gazzi y Dinamarca debutando como curators por debajo de los 90 BPMs.

La segunda jornada se presumía la más tranquila, pero entonces apareció Duki para compensar el descalabro de Ben Yart, reivindicando a fuego y rimas el spot de Malkmus & Cía. y certificando su incontestable estatus mundial, seguido de una Róisín Murphy por la que parece que no hayan pasado los casi 20 años desde su debut, divertida y brillante como ella sola. The Blaze (magistralmente descafeinados) y Jamie XX (magistral a secas) apuntalaban el subidón necesario para peregrinar a Beefeater y terminar en el bosque. Mención especial para los irlandeses The Murder Capital que, según pudimos ver durante tres canciones, conquistaron a los presentes con su postpunk magnético y abrasivo.

El último día, la galerna que descargó justo antes de abrir puertas (es el precio a pagar por el verde de los montes) y la resaca acumulada, traían consigo una pereza a primera hora que viene lastrando inevitablemente a la representación euskaldun, relegada por exigencias del guión a tocar frente a audiencias exiguas durante los primeros compases diarios. Aún así, Merina Gris triunfaron incluso sin poder explotar al 100% su juego de luces en un Txikia que lucía sin trasera por primera vez, y los fandom de HOFE y Rojuu hicieron piña para constatar una diversidad generacional sin precedentes, antes del baño de masas/karaoke de Love of Lesbian y de que IDLES y Röyksopp dieran los bolos más brutales de esta edición.

Como resumen a destacar, la confirmación de Txikia como el hogar de las joyas a descubrir (si el año pasado fueron BADBADNOTGOOD, este año era el turno de quitarse el sombrero frente a Dry Cleaning), el llenazo de Villano Antillano (propiciado por la migración en masa a la carpa buscando refugio de la granizada que cayó el jueves, pero no por ello exento de originalidad y talento), el “nuevo indie” encarnado en artistas tan diversos como Rojuu, La Élite, La Paloma o Arde Bogotá (a años luz de aquel que cimentaron el FIB y Los Planetas), el lujo que supone poder contar con proyectos de la calidad musical de Tinariwen o Young Fathers (siempre es reconfortante comprobar cómo es posible convencer desde los márgenes en estas plazas), y la sustitución de la ingente cantidad de plástico de la escenografía por vegetación que será compostada (económico, estético y ecológico, win win win). En el apartado negativo, la divertida anécdota de las garrapatas presentes en varios puntos del césped, los problemas técnicos que llevaron a apagarse las PAs de los dos escenarios principales al menos en tres ocasiones y a retrasar casi una hora la actuación de Röyksopp (aunque el sonido en general fue de notable salvo momentos puntuales); y en cuanto a los medios se refiere, no contar con señal de las pantallas en zona de prensa nos ha llevado a hacer muchísimos kilómetros para poder abarcarlo todo, habilitar un acceso/atajo entre Txikia y San Miguel nos daría la vida. El año que viene más, mejor, y si es posible, que dejemos de ver el verde sólo como vil metal.

Albany
Quince minutos tarde debido a una exhaustiva revisión para asegurar que la tromba no haría salir ardiendo toda la pirotecnia de Duki (el camión de bomberos no se retiró del lateral de Nagusia hasta que el argentino hizo lo propio), Albany salía a escena, primero sin PA, y sin Auto-Tune después, acrecentando así sus nervios y el agobio provocado por el asfixiante calor y la solana que achicharraba a esa hora. “Gracias a todas por venir, yo no lo hubiera hecho”, confesaba algo emocionada al verse llevada en volandas por un público tan joven como ella, conscientes de la necesidad de un empujón emocional por parte de la “Sugar Mami”. Una pena no poder disfrutar como es debido de un disco como “XXX”, pero canciones como “Videojuego” o “Bebé” (dedicada a C Tangana entre sofocos: “estoy hasta el papo”) fueron tan coreadas como para darle el aliento suficiente y salvar la papeleta. Habrá mejores ocasiones, seguro. R.W.

Alex Serra & Totidub 
La propuesta pacífica y de mensaje amoroso de Alex Serra y TotiDub era uno de los conciertos encargados de abrir la primera jornada del festival. En ritmos reggae y soul afilados por los efectos Dub, aportaron un toque espiritual con frases como “el amor te sana el corazón”. El show incluyó una cuidada coreografía a cargo de un dueto de baile e incluso un tramo poético. Todo envuelto en un aura trascendental y tramos melódicos largos. Serra lució una voz bonita en canciones que evocaban a los recónditos lugares que ha visitado en sus viajes por el mundo. Un comienzo amable y relajado al jueves. G.A.

Amaia
El pop soñador de Amaia conecta con su generación. La naturalidad y confianza de la solista va mucho más allá de la innegable fidelidad de sus fans y lo demostró en el concierto ofrecido en el festival. Acompañada por una banda de las de toda la vida, exhibió su personalidad con logros al alcance de pocas, como poner al BBK Live a corear una jota con “Yamaguchi” o darle una delicadeza extrema a la ardiente “Fiebre” de Bad Gyal. “¿Qué haces en tu día a día? Te miro las fotos. Pero no le doy al corazón” o “¿Te acuerdas de la última noche aquella? Te has dejaó el curro, pero estás contenta”, frases sencillas y melodías ágiles que llegan a sus coetáneos. La navarra disfrutó: estuvo seductora y juguetona en “Sexo en la playa”, alegre y liberada en “Así Bailaba” y enérgica en “La Canción Que No Quiero Cantarte”. Un gozo contagioso para quien asistió al Nagusia. G.A.

Arca
La venezolana Arca se presentó en Kobetas como lo que es: caótica, excesiva, y bien cabrona. Abrió las hostilidades con un mix de samba y reggaeton pasadísimo de vueltas y retorcido a base de glitches, similar al set que montó teloneando a Beyoncé, y se fue creciendo frente a la frenética respuesta del personal. “Qué bien me caéis todos, ¿será por la luna?” Fueron cayendo hits como “Prada/Rakata” o “KLK”, y la cosa empezaba a irse de madre cada vez que abandonaba la mesa de mezclas para agarrar el micro e incitar a un perreo bien duro, ya fuera exhudando sexualidad sobre las tablas o contoneándose subida a una plataforma cubierta de flores.  R.W.

Arctic Monkeys
Al contrario de lo que hubiese sido de esperar, Alex Turner y sus Arctic Monkeys apostaron por regalar a Kobetamendi justo lo que quería. Sí, en la explanada abarrotada hicieron aparición algunas de las melodías de ‘The Car’ o ‘Tranquility Base Hotel & Casino’, sus dos últimos trabajos de ritmo, por así decirlo, templado. Pero si en algo se vio el espíritu de concesión de los de Sheffield y el deseo de agradar al público festivalero fue en las canciones elegidas para la velada. “Brainstorm”, “Mardybum”, “Crying lightning”, “Fluorescent adolescent”, “Do I wanna know?”, “Cornerstone”, “Why’d you only call me when you’re high?”… y algunas más hasta llegar a un cierre protagonizado por “I wanna be yours”, “505” o “R U Mine?”. Todo un repertorio hecho por y para el delirio y el disfrute de un público que imaginaba que el directo iría por otros derroteros. No sabemos si será fruto de un golpe en la cabeza o de un interés por ofrecer dos tipos de conciertos (los propios frente a los de festivales) pero Alex Turner decidió aparcar el ‘croonerismo’ (a pesar de las excelentes interpretaciones que fueron ‘Body Paint’ y ‘Four out of five’) y su reciente espíritu relajado en favor de la celebración global. Si ya eran cabeza de cartel, tras su espectáculo lograron hacerse con todo el botín ante un público cada vez más intergeneracional que les encumbra directamente como una de las bandas más relevantes de nuestro tiempo reciente. A.B.

Bengo
Crecido como breaker dentro del movimiento hip-hop, Bengo sorprendía presentándose con una banda al completo (entre ellos dos ex-Meltdown al bajo y la guitarra) además de su fiel Yeray a los platos, para ofrecer junto a los cuatro un concierto de urban pop más cerca de los cánones del punk pop de Kenny Hoopla o del vasco HOFE (de quién dejó caer una versión de “Gremlin”), que del rap que le presuponía. Prescindiendo absolutamente del Auto-Tune y sonando trap con hi-hats acelerados a baqueta, dio un conciertazo ante una más que respetable audiencia, dado el escenario y la hora, que cantaba a coro junto con el de Oiartzun canciones como “Denbora” o “Bakarrik” que conforman su muy recomendable ‘Bizirik’. Alternando la formación como quinteto con el clásico dúo MC/DJ, presentó un producto bien definido y muy trabajado, con una personalidad propia que augura mucho futuro por delante. Aquí estaremos para verlo. R.W.

Ben Yart 
Enfrentarse a un directo de Ben Yart es como abrir una galleta de la fortuna, uno no sabe nunca lo que le va a salir. Y sí, aunque la actitud irreverente es una seña de identidad del artista, su concierto fue una constante pasada de frenada y, por lo que hemos podido leer después, en ningún caso era lo que pretendía. Huelga decir que los problemas de sonido al inicio y la incomparecencia del autotune (“Al final voy a aprender a cantar y todo”) no ayudaron al desarrollo del show pero, sea por eso o por otra cosa, el autosaboteo fue continuo. Ben Yart dio inicio con “Drogolegas”, uno de sus temas más aclamados, logrando ya reunir a una buena legión cercana al escenario que coreaba cada estrofa, pero tardaría poco el de Mendillorri en contrariarse con las primeras notas de “No se k me pasa” con las que eligió huir del escenario no sin pedir “hasta 20 veces” que cortaran el tema. Por su parte, “Barriobajero” o “Uno” fueron otros de los grandes momentos de acompañamiento de una masa de fans que han encontrado al líder de su nueva religión: hacer lo que uno le sale de ahí sin importar el que dirán. Parece que el show en Kobetamendi era importante para él y, a pesar del desastre, sabemos que no tardaremos mucho en verle redimirse. A.B.

Cala Vento
No hay demasiados precedentes de una banda con tan pocos medios y a la vez con tanto carácter y excelencia. Son muchos años convirtiendo cada uno de sus shows en un torbellino de puras melodías pop con la contundencia impropia de un dúo compuesto tan sólo por una guitarra y una batería. Aleix y Joan venían a presentar su reciente trabajo, ‘Casa Linda’, y cualquiera diría que sus canciones no se han convertido ya en clásicos de la música en directo nacional. Algunas nuevas como “Tu lugar”, “Equilibrio” o “No hay manera” sonaron perfectamente ensambladas junto a otros éxitos de siempre como “Estoy enamorado de ti”, “Isla desierta” o “Abril”, esta última provocando ya el habitual pogo de cierre. Como apunte y sobre todo regalo: escucharles tocar “Passar pantalla” con esa parte de Gorka Urbizu en ese euskera tan del lugar. En cada disco avanzan a pasos agigantados sin llegar a tocar techo. ¿Uno de los mejores directos que se pueden disfrutar hoy? Sin duda. A.B.

Colectivo Da Silva 
“Gora Granada!”, gritaban al final del concierto de Colectivo Da Silva. La banda impregnó de buen rollo el atractivo marco con montes al fondo del escenario Txiki. Partiendo de esos riffs pegadizos tan característicos, relataron su particular visión del estilo de vida millennial, con temas como “Invítame a tu casa” o “Que Dios Bendiga el Reggaeton”. Incluso, con “Amor de Verano”, desde un marcado aire ochentero, voz aniñada y riqueza instrumental, nos llevaron a un romántico paseo por la playa en un clásico día bilbaíno tendente a lo gris. Los ritmos latinos dieron un aire aún más bailongo al concierto hasta llegar a uno de sus hits más conocidos, ese homenaje a “un sitio muy bonito, muy cutre y muy español” que es “Marina D’or”. Para culminar, dos homenajes: uno a La Zowi con una versión de “Baby Come’n Get It” y otro a Fran Perea con el “1+1 son 7” que sonó en la despedida. Los andaluces han dado con su fórmula y la explotan al máximo. G.A.

Dadabe
A pesar del efecto invernadero en la carpa de Beefeater a esas horas tempranas de la tarde, los getxotarras Dadabe desplegaron un show de prominente protagonismo guitarrero que hizo las delicias de los pocos inconscientes que se agolparon en las primeras filas. Buenas dosis de shoegaze, rock genuino y melodías pegadizas residen en temas como “Coming down” o “Secret eyes” y nos retrotraen al rock alternativo de bandas como Pavement o Nada Surf. Un directo que parece tan de otro tiempo como necesario en un contexto en el que no muchas siguen apostando por las buenas canciones rock sin demasiadas complicaciones. A.B.

Desire
No lo tenía fácil la banda canadiense con la competencia en el Nagusia de Florence + The Machine, pero registraron una entrada más que aceptable en el escenario Txiki. Son buenos tiempos para el ritmo (no tanto para la letra), y Desire lo sabe: su atmósfera lograda evoca con éxito paisajes de ciencia ficción o de espacio exterior. También el de las carreteras del Los Angeles magnético de la película “Drive”, sobre todo con la romántica “Under Your Spell”, incluida en la banda sonora de la misma y que hizo brotar un clima especial de romance oscuro. Los azules y los rosas daban color al contoneo de la frontwoman Megan Louise, que demostró talento a la hora de interactuar con el público, incluso dándole protagonismo a una calavera. Destacó sobre el conjunto la versión del “Bizarre Love Triangle” de New Order. Cerca del cierre, “Hard Times” llegó para anunciar la medianoche y convirtió el concierto en un dancehall ochentero. G.A.

Dry Cleaning 
Bastante cerca del lleno para una propuesta de sus características, Dry Cleaning triunfaron en el Txiki con ese post-punk que colisiona en post-hardcore y shoegaze vía Slint y Sonic Youth, y que verbalizan en spoken word a través del personal storytelling de Florence Shaw y que recuerda por momentos a las voces de Kae Tempest o Billy Nomates. Secundada por un guitarrista que parece tocar en SOUL GLO, con esa hiperactividad y camiseta de Morbid Angel, un bajista salido de los Electric Wizard, y un batería con querencia por los ritmos motorik, demostraron por qué ‘Stumpwork’ fue uno de los mejores discos de 2022 mediante canciones como “Gary Ashby” o “Don’t Press Me”, que convencieron a propios y extraños con esa sensación de peligro inminente que encierran sus composiciones. Apoyados por un backliner que lo mismo tocaba la guitarra, que los teclados o un saxo que los puso a la altura de Tortoise con ecos de Dischord y Touch & Go. Una gozada para los sentidos. R.W.

Duki
Incomprensiblemente ubicado a una hora tan temprana, Duki salió a cara de perro al Nagusia con el sol en la cara, y acabó brillando más que el astro rey. Con una banda que me recordaba a sus compatriotas A.N.I.M.A.L. (una versión de “Poder Latino” hubiera sido increíble), por esa manera de llevar las canciones al terreno nu metal de unos Linkin Park con un simple fill de guitarra, bajo o batería, empezó arrasando mientras cañones de llamaradas nos daban en la cara y sus vaivenes se proyectaban por las pantallas como en un Windows 95. Se queda a solas con su DJ y demuestra que esto lo ha mamado desde chico (el Quinto Escalón manda) y con las dosis justas de afinación le pega a todo, y a todo bien. Trap, boom bap, reggaeton… da igual lo que le eches, siempre latino ciento por ciento. Representando. Suena Bizarrap, por supuesto, pero también guiños a Neo Pistea y Sticky M.A., o éxitos mundiales como “don’t liE”, “hARAkiRi” o el “Si Quieren Frontear” junto a Quevedo. Grande entre los grandes. R.W.

Eee Gee
Con apenas la misma audiencia que sus predecesores en Beefeater, Eee Gee estrenaban el Nagusia con una languidez acorde a su poder de convocatoria. Proyecto de la danesa Emma Grankvist, se presentaban con una banda de conjuntos tye-dye violetas y aires hippies, con mucho gusto en los arreglos y ejecución de un pop de tintes electrónicos que por momentos recordaba a Morcheeba. Un tanto descafeinados, ganarían de imprimir más electrónica a su propuesta, pero el vozarrón de Emma consigue captar la atención de las 200 almas presentes y proyectarse sobre unas campas que recibieron su primer cumplido de la temporada sin torres de sonido de por medio (“what a beautiful festival you have!”). Terminar con “Winning” y “Killing It” hizo honor a sus títulos y nos acabaron ganando para la causa. Un aperitivo correcto. R.W.

Eneritz Furyak   
Tristemente, apenas diez personas (entre ellas la mitad de Liher) presenciábamos a primera hora cómo Eneritz Furyak se quitaba los zapatos y procedía a embelesarnos con la sensibilidad de sus composiciones bajo la sofocante carpa del Beefeater. Con un repertorio centrado en su último ‘Emadan’, la de Irun nos embelesó a pesar de ser, como ella misma confesaba, “un pez pequeño fuera del agua”. Su folk intimista bebe del drone (la propia “Emadan” que da comienzo al set) y de la superposición de capas de sonido del shoegaze, ejecutado a voz, guitarra acústica y sinte de pedales subida en un parapeto del que no es habitual verla escapar para cantar al frente micro en mano. Pero quiso reivindicarse así (“somos peces pequeños, pero si nos juntamos muchos en la misma pecera, podemos hacer cosas grandes”), saliendo de su cárcel imaginaria y aceptando quién es a pesar de todo, hundida en la profundidad de letras como la de “Panoptikoa” o “Suhartzea” Si no te emocionaste, es que estás muerta por dentro. R.W.

Fever Ray 
Con una puesta en escena que nos retrotrajo al David Byrne que nos visitaba en 2018 en este mismo emplazamiento (trajes oversize, tocados oníricos, estética bondage, y una solitaria farola callejera iluminando todo), Karin Dreijer Andersson y sus Fever Ray explotaron todas las posibilidades que ofrece el género sin por ello renunciar a una faceta artística que viene desarrollando desde que formase The Knife junto a su hermano. Tribales y urbanitas, con un set de percusión orgánica que gobernaba los movimientos de unas trabajadas coreografías a trío, asemejándose a unas Destiny’s Child darks ejecutando rutinas de electrónica sincronizada salidas de una pesadilla lisérgica. La dupla “Shiver” + “Kandy” suena como el Bowie de “China Girl”, con las frontwomen ya despojadas de las chaquetas y abrazando las keytars para bajar el pulso a ritmos de codeína. “If I Had a Heart” (sintonía de la serie ‘Vikingos’) terminó siendo una mera anécdota para oídos menos versados frente a temas como “Even It Out” o “Carbon Dioxide” que allanaban el camino hacia los Hermanos Químicos. Un lujo en todos los sentidos. R.W.

Florence + The Machine  
El poder de convocatoria de Florence Welch llenaba la campa del Nagusia media hora antes de que Florence + The Machine fueran recibidos con una enorme ovación. “Heaven Is Here”. La expectación se palpaba desde la apertura en las primeras filas del escenario, repletas de tocados de flores que formaban estampas religiosas cada vez que la diva bajaba al foso, abandonando la divinidad para dejarse abrazar por sus fieles y bailando incansable como un niña que corre descalza sobre hierba mojada. Gospel espiritual que abraza tradición y modernidad a la vez, y una banda clásica (piano de cola incluido) que permanece en segundo plano flanqueando el retablo central mientras ella lo mismo se erige en la hija del predicador, en Stevie Nicks, o en Kate Bush con un “Hunger” que puso a temblar el césped bajo nuestros pies y a partir del cual sólo fuimos in crescendo: “You Got The Love” de Candi Staton, “Choreomania”, y los bises con una “Shake It Out” épica que dejaron para la memoria venidera una lección de cómo dar un concierto siendo cabezas de cartel de un festival. Sacerdotisa suprema. R.W.

Hofe X 4:40
HOFE x 4:40, el proyecto de Igotz Mendez con los productores Xabier Lafuente y Marcos Galech fue una buena recompensa para los más madrugadores. Un espectáculo dinámico y bien engrasado, al que quiso unirse también Jangitz Larrañaga (batería de Vulk), y que dejó grandes momentos como la interpretación de “Joven Lehendakari” o el hitazo que es “Gremlin”. Fue un directo explosivo, bien repleto de bailes y saltos, que denota la fortaleza de una propuesta nacida de la propia rebeldía juvenil pero con la madurez suficiente como para presentarse seria, enérgica y disfrutable. Un pequeño paso más en la trayectoria de un artista ecléctico y desacomplejado que está pisando fuerte en esta nueva era musical

Idles 
Empezaron con “Colossus” e hicieron honor a su título con unos de los conciertos más brutos que se le recuerdan al BBK Live. 75:00 marca un reloj sobre el escenario, y Talbot sale como Lebron, cinta en la frente dispuesto a correr una maratón en el tiempo establecido. IDLES dan siempre la sensación de estar a punto de provocar un accidente (“Car Crash”), de empezar una pelea (“Grounds”), de desplomarse tras una noche de cogorza (“Crawl!”), o todo a la vez. Propulsados por su sección rítmica y ese fuelle que parece no tener fin a la batería, los guitarras lucen camisones, agitándose como maracas a los flancos mientras al frente, un Nick Cave hoologanesco escupe soflamas a nuestras caras que hacen estallar el pit a la segunda canción, cerveza volando por doquier y sudor con los dientes apretados y los puños al aire. “Fuck the king!!”. Esto es antifascismo y no lo de Balmes. Dejan ver su faceta más gamberra con un medley que incluyó ‘Oficial y Caballero’, “Nothing Compares”, “Titanic”, e incluso el “All I Want For Christmas (Is You)” de Mariah Carey. Crowdsurfing, flexiones, un wall of death, “Never Fight A Man With A Perm”, y ese “Bella Ciao” contemporáneo que podría ser “Danny Nedelko”. Brutalismo o barbarie. R.W.

Jamie XX
Jamie XX es garantía de baile, de un espectáculo accesible y de continuidad de la fiesta (The Blaze le habían precedido en el escenario principal). Abrió con un hitazo como es “I know there’s gonna be (Good Times)” pero no tardó en zafarse con otros estilos y melodías ajenas como “Forceps” o “Memory lane” que se vieron acompañadas por himnos universales como el famoso “Ritmo de la noche”. Tiró de repertorio propio y aclamado en “Loud places” y “Gosh” e hizo que, a pesar de algunos momentos más erráticos o descolocados, todo el mundo encontrase la trampilla de salida hacia el Basoa, la zona noble de la música electrónica en Kobetamendi. A.B.

La Paloma 
Con pinta de kinkis madrileños y surtidos de distorsión, La Paloma presentaban en Bilbao su ‘Todavía No’, uno de los mejores discos estatales en lo que va de año, tal y como quedó demostrado por el tapón que formaron a la entrada del recinto la ingente cantidad de seguidores del cuarteto que se citaron para cantar sus himnos frente al escenario Firestone. Con un noise pop en la onda de Dinosaur Jr (¿dónde estaban toda esta chavalada y su energía el día anterior durante Pavement?) y unas voces pop de herencia 80s, daban cuenta de un cancionero filtrado por pedales shoegaze con temas como “Bravo Murillo” o “Quejas Célebres”, que pudieran parecerse a unos Carolina Durante formados en los 90 (¿Carolina Shoegazer?) y que formaron formaron también pogos equivalentes a los que se pueden ver habitualmente en los conciertos de los de Sonido Muchacho. Forman parte de esa generación que le canta a la amistad más que al desamor, y por lo tanto, perduraran. Tiempo al tiempo. R.W.

La Plazuela
Uno de los grandes triunfadores de la jornada de viernes fueron los granadinos de La Plazuela que padecieron un calor más propio de su tierra que del territorio de Kobeta. Con “La Primerica Helá” inauguraron un set ecléctico (flamenco, pop, rumba, electrónica, guitarras…) que fue entonado de principio a fin por un público tan encendido como la temperatura del lugar. “La antigua judería”, “Péiname Juana” o “Realejo Beach” fueron algunas de las interpretaciones más sonadas que hicieron bailar prolegómenos de la tarde antes de cerrar con un “Tangos de copera” que convirtió en una rave sin fin el escenario Txiki del BBK que, sí, acabó por quedarse pequeño para semejante despliegue de fiesta y ambiente alegre. A.B.

Leftfield 
Una hora más tarde de lo que estaba anunciado comparecieron Leftfield en el escenario, teniendo que competir con los intensos graves que procedían de la zona Basoa. Referentes sin fisuras de la música electrónica de hace dos décadas, hicieron las delicias de sus seguidores entrelazando los temas de su último trabajo, publicado hace dos años, y los clásicos de siempre como “Afrika Shox”, “Release the pressure” o “Phat planet”. Un fino espectáculo con sabor a nostalgia electrónica de antaño que congregó a una buena parte del público extranjero del festival. A.B.

Love Of Lesbian 
Los catalanes son garantía de una buena masa de seguidores y un cabeza de cartel cuyo espectáculo siempre se mantiene a un notable nivel. Quizás ya no generan el deseo de antaño tras haberse pateado todo el territorio nacional en decenas de ocasiones, pero siguen siendo infalibles en lo suyo, y ahí está la gente siempre para reconocérselo. Con un setlist bien reducido, pudieron recrearse tanto en canciones como en interacciones (en una de ellas Santi Balmes pediría ir a votar el 23J para combatir el fascismo), realizando un repaso de inicio a su discografía más reciente (“Viaje épico hacia la nada” o “Bajo el volcán”) para acabar con algunos de sus hits más universales como “IMT”, “John Boy” o “Allí donde solíamos gritar”. Un directo que hubiera contado incluso con más afluencia si en el escenario principal no hubiera estado aguardando el plato fuerte de Sheffield. A.B.

M83
Había mucha expectación por el bolo de la banda francesa y, a pesar de las inclemencias del tiempo, demostraron porque están en el olimpo de la electrónica comercial actual. Brilló, además, el nuevo material, temas luminosos como “Amnesia” o “Laura”. Quizá algún instrumental se hizo excesivamente largo, sobre todo cuando las gotas más gruesas caían del cielo de Kobetamendi, pero la actitud y la garra que demostraron fue intachable. De hecho, la lluvia le otorgó una épica muy adecuada a la ya de por sí emocionante “Wait”. La combinación entre introspección y energía fue una de sus bazas más reseñables: el sosiego se rompió con el inconfundible inicio de “Midnight City”, que hizo que muchos que se habían agazapado para no mojarse saltarán al verde como un resorte. Aún quedaba la grandilocuencia y emoción de una “Outro” que atrapó a un público ya rendido a la evidencia del final de un viaje astral y mágico. G.A.

Merina Gris
A plena luz del día y con un escenario Txiki sin lona trasera hasta la caída del sol, Merina Gris dieron un show a la altura de los espectáculos a los que nos tiene habituados a pesar de no contar al 100% con sus juegos de luces y humo. Con Amunda (ex-Meltdown) de apoyo a la guitarra y el chorro de voz de Sara Zozaya convenientemente filtrado como hilo conductor, el trío puso sobre las tablas todas las señas de identidad que hacen de su electropop algo único y personal. A destacar entre ellas la ambivalencia de Julen y Pascal, en constante alternancia y movimiento a los teclados y batería, un huracán con particulares máscaras de las que tuvieron que prescindir en el tramo final ante riesgo de asfixia dado el calor reinante. La temperatura no impidió que el respetable calentara el ambiente y las gargantas coreando temas como “90” o “sAIATZEN nAIZ :)”, convertida ya por méritos propios en clásico generacional. Buen trabajo. R.W.

Morgan
Si a Rüdiger les tocó la cruz, Morgan veían la cara de una metafórica moneda lanzada al aire el viernes en el escenario secundario. Con Nina al piano a un lado y su perenne sonrisa iluminando la explanada, los músicos que visten sus letras son más que capaces de hacerlo con ropajes soul, funk, jazz, o simplemente rock. Con un cancionero tan clásico como si hubiera sido concebido en los 70, su propuesta, más propia de teatros o salas, sale victoriosa también al aire libre, porque el que sabe, sabe. Cuando miran al blues, les salen trazas sleazy (solos de guitarra incluidos, sustituyendo la chistera de Slash por una visera hacia atrás) y la voz de Carolina emociona por lo profundo en “Sargento De Hierro”, “Volver” o “River”, animando a la numerosa audiencia a cantarlas a pleno pulmón, y no solo en castellano. Se nota que se divierten tocando, y se miran constantemente entre ellos como hacen los músicos de verdad. Da miedo pensar en verla con una big band o una orquesta al completo detrás. De verdad de la buena. R.W.

Pavement
Sin duda con Pavement nos encontrábamos ante una de las delicias del cartel y no hicieron ningún desprecio a la expectación generada. Con más de tres décadas a las espaldas desplegaron un setlist amplio que sirvió para repasar los éxitos más relevantes de su discografía y, sobre todo, hacer disfrutar a un público ya entrado en años pero con ilusión propia de los críos. Acompasados, convincentes, y sobre todo, disfrutando, los californianos mostraron su bagaje desde el primer momento con temas como “Grounded”, “Trigger cut” o “Silence kid” que precedieron a dos momentos celebradísimos como fueron “Harness your hopes” o “Cut your hair”. Sin grandes interacciones pero tampoco sin ocultar una cierta satisfacción frente a la buena reacción del respetable, la banda americana mostró sus credenciales como una de las grandes formaciones del rock de los 90 y demostraron por qué sin una lista de grandes éxitos son a día de hoy una de las mayores influencias del sonido independiente que disfrutamos hoy. A.B.

Perfume Genius 
Hay que reconocer que la expectación por ver a Mike Hadreas era alta después de unos trabajos íntimos, cuidados y delicados que le han servido para llevarse el aplauso de crítica y público. A pesar de ello, el artista ofreció un show extremadamente sencillo y sin grandes evoluciones que sólo tuvo su repunte en canciones como “On the floor”, “Slip away” o el final más en alto de “Queen”. Por momentos parecía que hubiese preferido cantar y bailar solo, y eso se notó en la poca sintonía con un público que no tardará mucho en olvidar su concierto. A.B.

Phoenix
Es fácil meterse a la gente en el bolsillo iniciando una actuación con “Lisztomania”, canción ganadora y generacional como ninguna. Ahí teníamos a Phoenix dos décadas después de su prime musical encabezando una vez más un cartel de gran festival y sin decepcionar en su cometido. “Armistice”, “Entertainment”, “Tonight”, “After Midnight” o “1901”, entre otras, fueron tan sólo una muestra de la ristra de hits que copan la trayectoria de uno de los grupos franceses más internacionales y en forma del panorama. El sonido fue impecable, las bases estuvieron al servicio del baile continuo y, sorprendentemente, hubo posibilidad de verles sin el agobio común que se produce con las letras mayúsculas de un line up. Un seguro para todo programador de grandes citas musicales. A.B.

Roisín Murphy
Parece que el tiempo no pasa por Roisín Murphy, como si hubiera hecho un pacto con diablo a la luz de la misma luna que iluminaba a la irlandesa y su séquito tras el inminente ocaso del jueves. La recibía una nutrida representación de compatriotas de su misma quinta, y como si fuera el Peter Gabriel de Genesis, empezó a desgranar repertorio y vestuario con “Simulation”. Esto no es un simulacro. Divertida a rabiar, incombustible a los constantes pasos de baile que la llevaban de un lado a otro para deleite de sus fans, y con un baúl del tamaño del de la Piquer, dio un repaso a sus casi 20 años de carrera desde aquel tremendo ‘Ruby Blue’ de 2005. Techno, soul, electrónica prog, disco, ragtime… No hay nada con lo que no se atreva, a ratos parece que se hubiera criado con el Wild Bunch de los Massive Attack en Bristol, y con canciones eternas como “Flash Of Light” o “Sing It Back” se gana el cielo de Kobetamendi. Eterna. A.B.

Rojuu
Una de las cosas interesantes de llegar temprano a un festival es descubrir shows indescriptibles como el del catalán Rojuu. Acompañado de pregrabados, bajo, guitarra y batería, el joven artista fue de menos a más, también en cuanto a ruido, en un directo que tuvo de todo: autotune, pop, trap, techno, emo, graves a discreción y pogos, muchos pogos. “Nana”, su versión de “Brooklybloodypop!” o “Tofu delivery” fueron algunos de los hits más destacables de una performance ciertamente inclasificable pero que dejó satisfecho a un público con una media de edad muy inferior a la del festival. Excepto a aquellos que aguardaban ya a los Arctic y que tuvieron que sufrir la decena de “agujeros” de baile solicitados por el artista. A.B.

Röyksopp  
50 minutos después de lo previsto (con un escueto “problemas técnicos” desde el foso a nuestra petición de información, ¿para qué están las pantallas en un evento así?) y habiéndose escuchado varios silbidos y abucheos entre abandonos del personal, Röyksopp tomaban el Nagusia con tal mala hostia (“let’s start the fucking show!”), que daban hasta miedo. Vestidos como dos guiris a punto de tirarse de un balcón en Magaluf y en compañía de un cuerpo de baile formado por dos parejas (que aparecieron como salidos del ‘Juego del Calamar’, máscaras y túnicas con símbolos, para pasar a atuendos street y movimientos entre el break y la danza contemporánea), el dúo noruego nos sometió a un volumen bestial a un ritmo tan vertiginoso que sólo podía ser seguido por bailarines profesionales. Nadie se quedó sin intentarlo al menos, desde la increíble “Impossible” con la que comenzaron a redimirse, hasta la traca final con la luminosa “Sonic Affair” y la intensa “Do It Again” que perpetraron junto a Robyn. Después de lo presenciado, se lo perdonamos todo. R.W.

Rüdiger 
Un cuarto de hora tarde, tras asegurar que la descarga meteorológica acaecida minutos antes no había afectado la electrónica del San Miguel, Felix Buff y sus secuaces, o lo que es lo mismo, Rüdiger, salían a escena para tratar de capear el temporal sin llegar a lograrlo del todo. Apenas dos decenas de testigos para ver cómo la banda que comanda Joseba Irazoki tras la voz y guitarra acústica del batería de Baiona luchaba contra viento y marea para sacar el bolo adelante. Estuvieron a punto de cancelar a los veinte minutos cuando se apagó la PA al hacer cortocircuito una guitarra eléctrica, pero volvieron a salir para maquillar con la pericia que da la experiencia y el talento de unos músicos capaces de desarrollar cualquier estándar que les pongan delante. Canciones como “Medication” o “Did You Ask For This?” de su único disco hasta la fecha suenan en sus manos como el alt-country de Wilco o el rock psicodélico de Pink Floyd o Steven Wilson. Clase en estado puro. De peores plazas han salido a hombros. R.W.

Ry X
La introspección de Ry X dejó algún zarpazo de emoción en un concierto algo frío. La onda ambiental pertrechada en guitarra, sintetizadores y, en algún momento, en violines, no es quizá el mejor formato para un festival, pero la propuesta rítmica del australiano dejó algún momento rescatable. El falsete depurado y la atmósfera de mar extraño de “Your Love” fue uno de ellos. Las primeras gotas de lluvia comenzaban a caer en Kobetamendi y potenciaban el aura de melancolía de un show al que le seguía faltando algo de punch. El público agradeció el galope en la parte final que anunciaba el sombrero de cowboy de Ry Cuming, y cualquier atisbo de velocidad fue bien recibido. Por ejemplo, los ecos techno de la aventura futurista y tenebrosa de “The Water”, que hizo levantar las manos de los presentes. El plato fuerte llegó al final, el hitazo “Howling” envolvió con la calidez esperada e iluminó la sombra que predominaba bajo el cielo gris. G.A.

The Blaze 
No se puede decir nada malo del concierto que ofrecieron The Blaze en el escenario principal tras el paso de los cabezas de cartel del viernes. Su house canónico con bombo a cuatro y trasfondo ético y moral resulta inmaculado, pero considero que tiene una querencia más diurna que la nocturnidad en la que actuaron, y su mensaje resulta en moralina con unas proyecciones que lo apoyan con metáforas visuales tan confusas (un bebe negro y un pitbull dentro de un coche en medio de un trigal, ¿qué se supone que significa eso?) como bellas. El dúo francés dejó caer todos sus hits en mayúsculas (sonaron “EYES”, “SHE”, “PLACES” o “CLASH”) y el respetable disfrutó de lo lindo, pero dudo que ningún ultra de Basoa que se dejara caer por Nagusia a esa hora se parase en su camino a Jamie XX. Bad timing. R.W.

The Chemical Brothers
Los Chemical Brothers son un seguro de vida como cabezas de cartel de cualquier festival de cualquier índole. Establecidos desde el siglo pasado como los representantes más mainstream de la electrónica, empezaron con el hitazo que es “Go” y a partir de ahí todo fue cuesta abajo para un público entregado a la causa, pero no tanto para quienes vemos en ellos pan y circo y nos da la impresión de que lo traen todo grabado y se limitan a darle al play mientras se rodean de parafernalia. Cayeron “Hey Boy Hey Girl”, “Galvanize” o “Block Rockin’ Beats”, todos ellos clásicos incontestables que rompieron a bailar las campas, acompañados en todo momento por proyecciones y trucos de salón como lanzar globos gigantes al público, o los enormes robots que caminaban suspendidos del Nagusia mientras lanzaban rayos láser por los ojos. Espectaculares, sí, pero si rascas más allá de la superficie, también un tanto vacíos. R.W.

The Last Dinner Party
El NME las nombraba como “the best new band you haven’t heard yet”, y a pesar de contar con sólo dos singles hasta la fecha y de su juventud, The Last Dinner Party ofrecieron un concierto muy serio y ciertamente apropiado para esas horas de la tarde. Tocaron “Sinner” y “Nothing Matters” sirvió de canto del cisne de la velada, desgranando hasta diez canciones de pop barroco y post-punk que suponemos conformarán su LP de debut con una frescura impropia de su falta de experiencia. Conjuntadas a pares con vestidos de inspiración victoriana, el quinteto lucía con una Abigail Morris al frente de largo rojo, llevando a la banda sobre sus hombros sin parar de moverse paseando frente a los monitores y de bajar a mezclarse con un público que, si bien no muy numeroso, agradeció el soplo de aire fresco que supusieron las de Londres. Grupos así son muy necesarios. R.W.

Tinariwen  
A pesar de los tibios esfuerzos de la banda africana por animar a base de palmeos al público congregado en el escenario de la entrada, sólo los más exóticos y curiosos quizás disfrutaron de un recital de folk, blues y sonido tribal que se mantuvo ciertamente plano durante todo el show. A destacar las interpretaciones de “Tamant Tilay”, “Ezlan” o “Sastanàqqàm” que provocaron algún tímido baile entre los que quisieron dejarse llevar por el carácter ecléctico y psicodélico de la formación tuareg. Una apuesta del festival que es de agradecer pero que quedó algo desvirtuada frente a un público poco conocedor del género. A.B.

Txopet 
La siempre complicada tarea de dar el pistoletazo de salida a un festival recayó esta vez en los locales Txopet, y la verdad es que solventaron la papeleta con más solvencia y asistencia de las esperadas. Entre Gabinete Caligari, Hertzainak y The Smiths, su post-punk sonó con la maestría de Urtzi Iza a los mandos, quien también ha grabado temas como “Urrunean”, “Denbora Urtuta” o “Hasieratik Amaiera”, sólidamente ejecutados en formato power-trio a pesar de que la batería sufría con ciertos cambios. Agradecieron la presencia de tantas personas y caras conocidas, entre ellas las de miembros de Silitia o Cecilia Payne, y cerraron cercanos a Amorante, soltando la guitarra para abrazar los sintetizadores y el vocoder. Muy prometedores, a juzgar por lo presenciado. R.W.

Escrito por Mozoilo Irratia

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